ESTO Y LO OTRO

Cosas que quisiera nunca lleguen a fin

  • El grito alegre de “gol” del niño del piso de arriba jugando con su padre. Sonrío al oírle correr en busca de esa pelota escondida después del golazo.
  • Contemplar la luz blanca del sol mañanero rompiendo el mar en cristales.
  • Comer una naranja siguiendo mi receta: cortar en segmentos un sol de aroma agridulce, dejar reposar mientras un cosquilleo cubre los sentidos, saborear como su líquido calma la sed que ahoga la garganta. Todo un disfrute y fácil de preparar.
  • Cerrar los ojos y viajar en una sinfonía de Beethoven por un universo donde existimos el paraíso, la música y yo. Nada más.
  • Con mis brazos extendidos como alas, bailar y correr por la desolada playa durante las tardes de cielo nublado. Entonces, soy dueña indudable de mi vida.
  • Ver a mi hijo entrar al mar bajo un sol brillante, ver su cabeza flotar y su brazo en el aire saludándome.
  • El mango con sus alegres colores naranja y verde, su perfume dulzón y el zumo azucarado que no evito corra entre mis dedos.
  • Tocar el piano, y tocarlo de nuevo. Y así muchas veces. Espero que al niño futbolista del piso de arriba, y especialmente a sus padres, también les guste.
  • Cuando voy al mercado, me siento en el banco con un zumo de caña de azúcar y contemplo el ir y venir mezclados con olor a fruta, pescado, pan y flores.
  • Los pinos por majestuosos, fuertes, elegantes el dúo musical que hacen con el viento.

Me acuerdo